martes, 25 de octubre de 2011

Encerramos siempre un secreto, que es nuestra niñez

Los recuerdos de la infancia, hacen de cada uno un niño que se esconde tras un arbole, desde donde vive imaginando. Un arbole desde donde vuelan los pájaros, llevando en sus alas sueños, un arbole verde, siempre verde, hasta su muerte.
Cada uno en su niñez es hijo de un rey , no por haber nacido de un noble que ostenta su corona, pero por lo único que guarda en sus dedos frágiles, la imaginación.
Luego viene la soledad, como que una orfandad, cuando uno pierde el niño que trae dentro de si, es el mismo sentimiento de perdida del amor, quien ama nace todos los días con ese niño dentro, cuando uno se siente huérfano de si mismo, es que lo perdió todo y ya no ama, o sencillamente es incapaz de amar.
A la perdida del encanto del amor, se sigue el sufrimiento, en una sociedad lastimadora, castigadora. Desencantado, desamado el des-niñado, aun así, guarda cuando duerme, la dulzura de los sueños. Pero cuando despierta, tiene la sensación de que en su vida existen sueños inacabados, pero solo queda el dolor de no haberlos vivido, de la ausencia. En esa ausencia vive fugándose del afecto, de la vida.
Sabemos que el corazón siempre paga las perdidas, o se muere, o se va muriendo lentamente, hasta que finalmente se gasta, y cansado desiste de latir. El arbole desde donde vuelan los pájaros se derrumba y no es mas arbole , solo un recuerdo hecho tronco inerte en un campo vacío, sin sueños.
Hoy tengo muchas ganas de soñar, que me dejen dormir mi niñez.

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