domingo, 15 de abril de 2012

... y lo vacía que estaba su cama, cubierta de juguetes de papel

Todo empieza, cuando una mujer, coge el teléfono y al escuchar una voz ya conocida, se come  su llanto…

Es parte de una soledad radical, que vive en una mujer sola, enferma y mayor, frustrada en su futuro (infuturo).
Sobre ella podríamos hablar de su mundo interior y del existir común, que la consume por dentro.
Hasta su soledad es caótica, desorganizada, como la misma soledad. Su pensamiento es siempre contradictorio, un testigo de su estado mental, su mundo interior,  lo considera sin valor, sin interés, se limita a existir.
Un existir muerto difuso.
La evidencia de una existencia primaria es la del banal o la de un cuotidiano insignificante.
Con esto hacemos preguntas al existir y nos quedamos perplejos, soltamos un quejido, para finalmente ESTAR, sin mas.
A los años de humillación y de dependencia, se siguieran los años de hija –familia y luego la mendicidad e indigencia total.
Hacer de la miseria una novela, es amar de forma entregada a los pobres, es un amor ciego y acrítico a la indigencia, hasta la decrepitud  y la muerte.
No hay volver atrás, y si lo hubiera, para que?
Solo existiría una razón para volver atrás, seria ser poeta.
Y escribir sobre la vanidad del cuerpo,  como se mueven los brazos los árboles,  y llorar como la lluvia en un día de invierno.
Cont.
Fuera llovía, esta mujer, aun sin nombre, hacía girar una flor de papel entre los dedos, hecha con una servilleta, con sus doblajes perfectas, casi obsesivamente perfectas, los hacia en el restaurante, al final de cada cita con sus amantes, paraba un momento para hacer su juguete de papel deleitándose en su perfección con los ojos llenos de sueños rotos, luego los guardaba en su bolso, desapareciendo como magia en medio de un caos, que son los bolsos de las mujeres. Eran sus sueños, los soñaba sentada a la mesa del restaurante, luego del postre, segura de  que nadie la podía observar en sus más íntimos pensamientos.
Estaba enamorada de si misma, de alguien que nunca iba a poder devolverle ese amor. Su vida era como aquel juguete de papel, una imitación, una farsa, en cada relación en su vida había siempre un juguete, que tiraría cuando se cansara del. En aquel momento, mirando su juguete, se le renovó de nuevo la ilusión, una ilusión que había hecho crecer en ella la esperanza de que un día llegaría a tenerlo todo, riqueza, aceptación social y quien sabe hasta el amor, pero a medida que los años habían ido pasando, esa esperanza se había ido apagando, hasta que al fin se había dado cuenta de que también ella era un juguete de papel. Recordaba con tanta nitidez cómo había empezado su búsqueda interminable, la búsqueda del éxito, la búsqueda del amor, hacía ya tantos años... y lo vacía que estaba su cama, cubierta de juguetes de papel.

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