miércoles, 2 de septiembre de 2015

Trastornos del sueño - cuestionario

Trastornos del sueño - cuestionario

  1. quedarse dormido.
    1. Menos de quince minutos.
    2. Unos treinta minutos.
    3. Mas de media hora.
  2. Cuando esta con la luz apagada.
    1. Desconecta de sus problemas y se relaja profundamente.
    2. Le cuesta, algunos dias, deja de pensar en lo que le preocupa.
    3. Se obsesiona con los problemas de ese dia o con los del dia siguiente y no puede dejar de pensar en ellos.
  3. Por regla general:
    1. Esta relajado en la cama y no se preocupa de lo que le costara dormirse.
    2. Esta relajado en la cama, aunque un poco pendiente de la hora que es, sobre todo si al dia siguiente tiene que estar especialmente despejado.
    3. Esta tenso y agobiado porque no consigue conciliar el sueño.
  4. Una vez que se queda dormido:
    1. Ya no se va a despertar. Duerme "de un tiron".
    2. A veces se despierta, en una o dos ocasiones para ir al baña, por un ruido, etc.
    3. Todos los dias se despierta mas de tres veces.
  5. Si se despierta a media noche.
    1. Se vuelve a dormir inmediatamente.
    2. Solo algunas veces le cuesta volver a coger el sueño, pero no generalmente.
    3. Le suele resultar muy dificil.
  6. Tiene pesadillas, sueños angustiosos o muy desagladables:
    1. Practicamente nunca.
    2. Algunos dias excepcionales.
    3. Todas o casi todas las noches.
  7. El promedio de horas que suele dormir al dia es:
    1. Mayor de siete horas y media.
    2. Aproximadamente unas siete horas.
    3. Menor de seis horas y media.
  8. Generalmente se despierta :
    1. A la hora prevista y gracias al despertador.
    2. A la hor prevista o algunos minutos antes.
    3. Bastante tiempo antes de la hora prevista y ya no puede volverse a dormir.
  9. Cuando se despierta antes de tiempo.
    1. Se encuentra relajado.
    2. A veces se siente algo inquieto y desasosegado.
    3. Siempre se siente mal, preocupado y nervioso.

LO DEVE FACILITAR A SU TERAPEUTA CUANDO SOLICITADO

sábado, 29 de agosto de 2015

Apuntes para entender la construcción social de la mente en la primera infancia "cómo las personas se relacionan psicológicamente con los objetos"



Apuntes para entender la construcción social de la mente en la primera infancia "cómo las personas se relacionan psicológicamente con los objetos"



Según el planteamiento de Liverta-Sempio y Marchetti (1997), los estudios y teorías sobre la teoría de la mente de los niños se pueden dividir en dos grandes campos. Por un lado se encontrarían los desarrollos teóricos que tienden a estudiar a los niños como:
“... científicos en ciernes trabajando en su personal laboratorio mental para producir sistemas representacionales progresivamente más extensos y complejos con los que procurar la comprensión de los otros" .
En esta conceptualización, desarllamos tres teorías principales : la teoría-teoría, la simulación, y la teoría modular. 

Por lo que respecta al otro campo de estudio,  y siguiendo a los mismos autores: 

"...los niños se ven como implicados en la adaptación a un 'nicho ecológico' que dada su naturaleza intrínsecamente social, transmite por vías culturales un conjunto de herramientas mentales diseñadas para promover el desarrollo, incluyendo el desarrollo de la comprensión, por parte del niño, de su propia mente en el contexto más amplio de las mentes de los otros" . 

El nexo de unión de los distintos puntos de vista en esta perspectiva sería una mayor inclinación a aceptar la influencia del contexto socio-cultural en el origen y el desarrollo de la comprensión de la mente, aunque sin componer, en su conjunto, una corriente teórica unitaria. 
Desde esta perspectiva el lenguaje cumpliría un papel esencial en el acceso al conocimiento sobre los estados mentales, conceptualizándose la teoría de la mente más como un complejo de habilidades interpersonales y lingüísticas (Garfield y cols. , 2001), que como un proceso de construcción teórico o una capacidad innata dependiente, en lo principal, de los mecanismos de maduración biológica.


Hacia el final del primer año, y después de la discriminación anterior entre personas y objetos, los niños empiezan a comprender cómo las personas se relacionan psicológicamente con los objetos. 

Esta especial relación es la llamada "intencionalidad", en su sentido filosófico, y que constituye una característica esencial de la mente: ser sobre algo. Las personas se relacionan intencionalmente con los objetos en el sentido de percibirlos, categorizarlos, pensar sobre ellos, desearlos, temerlos... o desde cualquier otro estado mental (Astington, 1993; Wellman, 1993). 

Esta inicial comprensión de la intencionalidad de los actos mentales los bebés la demuestran de diversas formas: a través de distintos gestos comunicativos dirigidos hacia cualquier objeto: mirándolo, señalándolo, agarrándolo, o vocalizando,  y comprobando el efecto en la atención o respuesta de la otra persona presente (intenciones protodeclarativas). Hacia los doce meses, pueden mostrar un afecto positivo hacia una persona que está mirando un objeto deseado, esperando que éste lo coja, e ignorar, por el contrario, a otra persona que no está atendiendo a ese mismo objeto (Spelke, 1995). A los 18 meses, pueden inferir la acción que otra persona está intentando realizar aún en el caso de que finalmente no consiga realizarla, lo que evidenciaría que los niños a estas edades empiezan a comprender que las acciones de la gente son intencionales y dirigidas a una meta (Meltzoff, 1999). 
También pueden aprender el nombre de las cosas para poder reconocer el objeto que el adulto hace aparecer de entre varios cuando éste nombra el objeto (Baldwin y Moses,1994). Esto nos lleva al desarrollo en el niño de la llamada referencia social, en la que el niño transfiere a los objetos, personas y situaciones el valor promovido por las diferentes reacciones de los adultos ante ellas. Es conocida la típica forma de actuar de los adultos cuando intentan interesar a un niño por algo (un juguete, persona o situación), mostrándoselo como si fuera lo más grande en la vida. El niño participa activamente en estas interacciones al intentar descifrar en el rostro y demás reacciones adultas el significado o valencia de cualquier suceso a su alrededor aún cuando el adulto no tenga definido ese propósito. En los estudios sobre el mecanismo de referencia social se demuestra cómo desde los 12 meses, los niños comprenden la especificidad de las reacciones adultas sobre los objetos, reaccionando diferencialmente ante ellos. En un estudio de Munme, Won y Fernald (1994), citado en Flavell (1999),se mostraba a niños de un año un vídeo donde una actriz se mostraba neutral, contento o temeroso ante algún objeto situado frente a él. Posteriormente se le ofrecían al niño estos objetos mostrando una clara preferencia por aquellos por los que la actriz no había mostrado temor

viernes, 28 de agosto de 2015

BOINAZKO EUSKALDUNA

Boinazko euskaldunari bost axola diozu, bere baserrian bizi da eta boinaren azpian sei mila urteko kultura, hizkuntza, ohiturak eta zuk ez duzun historioa daramatza.
Ez du faltan zuk euskalduna deitzea, goizean itzarri da eta, hortaz pentsatu gabe, zuri gustatuko litzaizuke izatea bera da: pentsatzaile askea, urrutiko begiraduna, eta zaila da engainatzea, berari inork ez dio saldu ez oparitzen bera dena.
Ez dago alderdirik ez instituziorik gizon hau izaten den baino euskaldun handiago egin ahal duenarik. Gizon baketsua da, edozein motatako indarkeria, bai eginkor bai ezeginkorra, ukatzen du, eta bere identitateak lauburua eta familiako blasoia daramatza. Badaki nortzuk diren gurasoak, etorkiak eta bere lurra. Ez du beste aberrik bihotzan daramadana baino, eta horrekin nahikoa du.

Zuri, bizi osoko laguna, post hau eskaintzen dizut.
Beti izaten eta izango zara nire bihotzean.

jueves, 27 de agosto de 2015

EL EGO: EL LADO CONSCIENTE DE LA PERSONALIDAD

EL EGO: EL LADO CONSCIENTE DE LA PERSONALIDAD 


Carl G. Jung


Aunque sus fundamentos son relativamente desconocidos e inconscientes, el ego es un factor consciente por excelencia. Incluso es una adquisición empírica de la existencia individual. Parece surgir en primer lugar de la colisión entre el factor somático y el entorno, y, una vez establecido como sujeto, se desarrolla a partir de nuevas colisiones con el entorno y el mundo interior.

A pesar de la ilimitada extensión de sus fundamentos, el ego nunca es más ni menos que el conjunto de la conciencia. En tanto que factor consciente el ego podría, al menos en teoría, ser descrito completamente. Pero ello sólo daría una imagen de la personalidad consciente; faltarían todas esas facetas que son desconocidas o inconscientes para el sujeto.

Una imagen completa debería incluirlas. Pero una descripción total de la personalidad es, aun en teoría, absolutamente imposible, porque su porción inconsciente no puede ser aprehendida. Esta porción inconsciente, como la experiencia ha mostrado con profusión, que de ningún modo carece de importancia. Por el contrario, las cualidades más decisivas de una persona suelen ser inconscientes y sólo pueden ser percibidas por quienes nos rodean, o han de ser laboriosamente descubiertas con ayuda exterior.

Claramente, la personalidad como fenómeno global no coincide con el ego, es decir, con el conjunto de la personalidad consciente, sino que constituye una magnitud que ha de ser distinguida del ego. Naturalmente, semejante distinción sólo es necesaria para una psicología que tiene en cuenta la existencia del inconsciente, pero para esta psicología tal distinción es de primordial importancia.
He sugerido denominar «Yo» [das Selbst] a la personalidad total que, aunque presente, no puede ser plenamente conocida. Por definición, el ego [das Ich] está subordinado al Yo y se relaciona con él como la parte con el todo. Dentro del campo de la conciencia hay, como suele decirse, libre albedrío.

Con este concepto no me refiero a nada filosófico, sino sólo al conocido hecho psicológico de la libertad de decisión correspondiente a la sensación subjetiva de libertad. Pero así como nuestro libre albedrío choca con las necesidades del entorno, también encuentra sus límites más allá de la conciencia en el mundo interior subjetivo, es decir, entra en conflicto con las realidades del Yo.

Y así como las circunstancias exteriores nos acontecen y nos limitan, del mismo modo el Yo actúa sobre el ego como algo objetivamente dado que la libertad de nuestro albedrío poco puede hacer para alterar. Incluso es un hecho conocido que el ego no sólo no puede hacer nada contra el Yo, sino que en ocasiones es efectivamente asimilado por componentes inconscientes de la personalidad que están desarrollándose y se ve enormemente alterado por ellos.

Debido a su naturaleza, la única descripción general del ego que puede darse es de tipo formal. Cualquier otro modo de observación debería dar cuenta de la individualidad que se adhiere al ego como una de sus características principales. Aunque los numerosos elementos que componen este complejo factor son en todas partes los mismos, varían infinitamente en cuanto a su claridad, su matiz emocional y su extensión. Por tanto, el resultado de su combinación -el ego- es, en la medida en que se deja esbozar, individual y único, y mantiene su identidad hasta cierto punto. Dicha estabilidad es relativa, ya que pueden ocurrir en ocasiones cambios de personalidad de gran alcance. Tales alteraciones no tienen por qué ser siempre patológicas; pueden también formar parte del desarrollo y por ello caer dentro del ámbito de lo normal. En tanto que punto de referencia del campo de la conciencia, el ego es el sujeto de todos los movimientos adaptativos, en la medida en que son efectuados por la voluntad. Por ello el ego desempeña un papel significativo en la economía psíquica.

Ahí su posición es tan importante que no carece de buenas razones el prejuicio de que el ego constituye el centro de la personalidad o de que el campo de la conciencia es la psique misma. Dejando aparte las alusiones de Leibniz, Kant, Schelling y Schopenhauer, y los esbozos de Carus y von Hartmann, es sólo a partir de fines del siglo diecinueve cuando la psicología moderna, con sus métodos inductivos, ha descubierto los fundamentos de la conciencia y probado empíricamente la existencia de una psique exterior a la conciencia. Con este descubrimiento la posición del ego, hasta entonces absoluta, quedó relativizada; es decir, aunque continúa siendo el centro del campo de la conciencia, es dudoso que constituya el centro de la personalidad.

Es parte de la personalidad, pero no el conjunto de ella. Como he mencionado, es sencillamente imposible estimar lo grande o pequeña que es su parte, o en otras palabras, hasta qué punto es libre o dependiente de las cualidades de esta psique exterior a la conciencia. Sólo podemos decir que su libertad es limitada y que su dependencia ha sido a menudo decisivamente probada.

martes, 30 de junio de 2015