sábado, 29 de agosto de 2015

Apuntes para entender la construcción social de la mente en la primera infancia "cómo las personas se relacionan psicológicamente con los objetos"



Apuntes para entender la construcción social de la mente en la primera infancia "cómo las personas se relacionan psicológicamente con los objetos"



Según el planteamiento de Liverta-Sempio y Marchetti (1997), los estudios y teorías sobre la teoría de la mente de los niños se pueden dividir en dos grandes campos. Por un lado se encontrarían los desarrollos teóricos que tienden a estudiar a los niños como:
“... científicos en ciernes trabajando en su personal laboratorio mental para producir sistemas representacionales progresivamente más extensos y complejos con los que procurar la comprensión de los otros" .
En esta conceptualización, desarllamos tres teorías principales : la teoría-teoría, la simulación, y la teoría modular. 

Por lo que respecta al otro campo de estudio,  y siguiendo a los mismos autores: 

"...los niños se ven como implicados en la adaptación a un 'nicho ecológico' que dada su naturaleza intrínsecamente social, transmite por vías culturales un conjunto de herramientas mentales diseñadas para promover el desarrollo, incluyendo el desarrollo de la comprensión, por parte del niño, de su propia mente en el contexto más amplio de las mentes de los otros" . 

El nexo de unión de los distintos puntos de vista en esta perspectiva sería una mayor inclinación a aceptar la influencia del contexto socio-cultural en el origen y el desarrollo de la comprensión de la mente, aunque sin componer, en su conjunto, una corriente teórica unitaria. 
Desde esta perspectiva el lenguaje cumpliría un papel esencial en el acceso al conocimiento sobre los estados mentales, conceptualizándose la teoría de la mente más como un complejo de habilidades interpersonales y lingüísticas (Garfield y cols. , 2001), que como un proceso de construcción teórico o una capacidad innata dependiente, en lo principal, de los mecanismos de maduración biológica.


Hacia el final del primer año, y después de la discriminación anterior entre personas y objetos, los niños empiezan a comprender cómo las personas se relacionan psicológicamente con los objetos. 

Esta especial relación es la llamada "intencionalidad", en su sentido filosófico, y que constituye una característica esencial de la mente: ser sobre algo. Las personas se relacionan intencionalmente con los objetos en el sentido de percibirlos, categorizarlos, pensar sobre ellos, desearlos, temerlos... o desde cualquier otro estado mental (Astington, 1993; Wellman, 1993). 

Esta inicial comprensión de la intencionalidad de los actos mentales los bebés la demuestran de diversas formas: a través de distintos gestos comunicativos dirigidos hacia cualquier objeto: mirándolo, señalándolo, agarrándolo, o vocalizando,  y comprobando el efecto en la atención o respuesta de la otra persona presente (intenciones protodeclarativas). Hacia los doce meses, pueden mostrar un afecto positivo hacia una persona que está mirando un objeto deseado, esperando que éste lo coja, e ignorar, por el contrario, a otra persona que no está atendiendo a ese mismo objeto (Spelke, 1995). A los 18 meses, pueden inferir la acción que otra persona está intentando realizar aún en el caso de que finalmente no consiga realizarla, lo que evidenciaría que los niños a estas edades empiezan a comprender que las acciones de la gente son intencionales y dirigidas a una meta (Meltzoff, 1999). 
También pueden aprender el nombre de las cosas para poder reconocer el objeto que el adulto hace aparecer de entre varios cuando éste nombra el objeto (Baldwin y Moses,1994). Esto nos lleva al desarrollo en el niño de la llamada referencia social, en la que el niño transfiere a los objetos, personas y situaciones el valor promovido por las diferentes reacciones de los adultos ante ellas. Es conocida la típica forma de actuar de los adultos cuando intentan interesar a un niño por algo (un juguete, persona o situación), mostrándoselo como si fuera lo más grande en la vida. El niño participa activamente en estas interacciones al intentar descifrar en el rostro y demás reacciones adultas el significado o valencia de cualquier suceso a su alrededor aún cuando el adulto no tenga definido ese propósito. En los estudios sobre el mecanismo de referencia social se demuestra cómo desde los 12 meses, los niños comprenden la especificidad de las reacciones adultas sobre los objetos, reaccionando diferencialmente ante ellos. En un estudio de Munme, Won y Fernald (1994), citado en Flavell (1999),se mostraba a niños de un año un vídeo donde una actriz se mostraba neutral, contento o temeroso ante algún objeto situado frente a él. Posteriormente se le ofrecían al niño estos objetos mostrando una clara preferencia por aquellos por los que la actriz no había mostrado temor

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